domingo, 30 de noviembre de 2008

Final feliz para Noddy


Noddy vuelve a casa con su pegamento mágico y en un plis plas pega toda la loza, sin dejar rastro alguno de la rotura. Llama entonces a Mr. Crock, que se presenta (todavía borracho) con el bobby Mr. Plod. Todos comprueban la mágica reparación y Mr. Crock se da por satisfecho. Todos felices. ¿Todos? Bueno, el guardia Mr. Plod, más vago que la chaqueta de un idem, ha aprovechado la ocasión para arellanarse en el sillón de Noddy y se ha quedado pegado... Ya advirtió el mago Sticky que era un pegamento MUY pegajoso... Y eso es to, eso es to, eso es tooodo, amigos...

Un pegamento mágico


La Muñequita decide ayudar a Noddu. Se viste con sus mejores galas y parten al encuentro de Mr. Sticky Man (el Hombre Pegajoso), un mago especializado en adhesivos. Le da un pegamento que no deja rastro, pero le advierte "es MUY pegajoso". Muñequita se despide de Noddy pero antes le da un consejo: No huyas de los problemas. Y le invita a volver cuando los haya resuelto...

Un nuevo día levanta...


Tras la noche oscura viene la mañana radiante. Todos abrazan a Noddy, agradecidos, y la muñequita le invita a desayunar. Noddy abre su alma a sus nuevos amigos. Les confiesa su drama con Mr. Crock y la jodida "china" rota en pedazos...

Noddy el bienhechor


Sin pensar en su desdicha Noddy se apresta a la acción. Pone en juego su ingenio y transforma una valla en escalera (eso me maravillaba), que a continuación usa para rescatar a los habitantes del cottage, en peligro de muerte. La muñequita no está sola, hay cuatro niños con ella. Noddy los salva a todos.

Noddy entra en acción


Noddy se despierta y se enfrenta al drama. Una muñequita pide socorro y nuestro héroe, como un caballero andante que se precie, parte al rescate. No sin tomar la precaución de enviar a su coche mágico a buscar auxilio...

Noddy y su salvamento heroico


Abrumado por le pena, Noddy aparca su coche junto a un bucólico cottage de tejado de paja. Pero una pavesa lo incendia. Noddy duerme profundamente y no se percata, pero el coche (que para eso es un coche mágico) le avisa con su bocina y Noddy se despierta ¿qué hará nuestro héroe?

Noddy parte al exilio


Así que Noddy pasa su Noche Oscura del Alma, el pobre, linchado moralmente por una multitud vociferante, culpabilizado por un gitano que hasta le levanta la mano y amenazado directamente con el talego por su enemigo ancestral, el poli Mr. Plod. Nada tiene de raro que elija el exilio. Ni siquiera se le ocurre pedir auxilio a Big Ears, su amigo. Estas viñetas nocturnas son preciosas, sobre todo cuando atraviesa el puente. Ay... cuántas veces me he visto así, por lo menos en mis sueños... ¡Noddy vencerá!

¡20 libras por cuatro tazas?


Y encima, que me le piden 20 libras (twenty jodidas pounds, cuando la libra valía algo, no como ahora, quién te ha visto y quien te ve) y el pobrecito, claro, dice que no tiene tanto dinero. Si ya se veía en la trena en el cuento anterior por una sola libra...

En aquellos tiempos la libra no había entrado en el sistema decimal, y equivalía, creo recordar, a 24o peniques (20 chelines y cada chelín seis peniques, ahora son cien peniques justos ¿have you got any change?). Noddy sólo tiene 21 peniques y dos monedas de seis peniques más, o sea 33 peniques: una puta miseria. Con eso el borrachín de Mr. Crock no tiene ni para una half-pint.

Mr Crock ¿le pega al alpiste?


Claro, que si uno se fija, la nariz de Mr. Crock es de los más sospechosa (sólo le falta el mapa de la Rioja, o por lo menos el de Aberdeen). Igual le mete a la botella de buena mañana, aparte de que llevar la loza en una carretilla no se le ocurre a nadie... Pero eso que se lo digan a esa multitud que se acerca con aire recriminatorio a nuestro héroe...

Noddy la pringa


Pese a que los demás juguetes le avisan, Noddy no se entera. Bueno... se entera tarde, cuando se ha cargado toda la loza... Bueno se pone el agitanado Sr. Crock, menudos lagrimones. Buena le espera a Noddy. ¡Y eso que la culpa la tiene Crock, que dejó la carretilla imprudentemente trabada con el parachoques del coche de Noddy!

Una carretilla llena de "china"


La carretilla iba llena de loza (china, en inglés) y encima las carreteras de Toyland están en muy mal estado, llenas de pedruscos (aunque sean de carbón dulce, pero pedruscos). Así que, el desastre no tarda en producirse

Un helado que sale caro


Noddy para su coche para tomarse un heladito de fresa, pero un pavo (Mr. Crock) le aparca detrás una carretilla con tan mala pata que la engancha en el parachoques... Como veremos, esto traerá pésimas consecuencias.

Noddy, siempre en problemas


Viendo las cosas con perspectiva, lo de Noddy es, en buena medida, un mitologema recurrente. Véase este Noddy in Trouble. Noddy se ve acusado por un delito del que no es responsable. Sufre la reprobación pública y se le amenaza con la prisión. Desesperado parte al exilio. Allí realiza una hazaña que le revindica y consigue aliados que, finalmente, consiguen su rehabilitación pública. Sus enemigos quedan confundidos y él triunfador. Es "El Cantar de Mío Cid" y la trama de mil y leyendas iniciáticas. Hay, por cierto, un toquecillo de racismo, porque el "malo" tiene cierto aire gitano ¿o son imaginaciones mías?

Al enemigo, ni agua

Noddy, recuperado su coche, ni olvida ni perdona. Intenta atropellar al malvado gobling, que, para no ser arrollado, debe arrojarse a unas zarzas que seguro le dejaron un recuerdo imborrable. Esto me enseñó a ser implacable con mis enemigos. El viejo lema latino "Nemo me impune laccesit" repristinado por la US Navy: "Don´t tread on me" (que llevo chanclas). Que os lo tengo dicho, no me vengais después con lo de "¡Por Dios, señor Montresor!". Y a disfrutar con alegría de la victoria... Véase la cara de maligna satisfacción de Noddy y el gnomo... ¡Ah, la venganza! Al día de hoy la verdad es que ya no me queda ningún enemigo.

Multado con una libra

Mr. Plod, poco dado a embelecos y encantamientos, multa a Noddy con una libra. Por fortuna la transformación del penique en coche se completa y Noddy libra de la mazmorra, pues dudamos que pudiera pagar la multa...

Un penique con ruedas


A mí me gustaban más los pasos intermedios de la transformación que el final de la misma. Es decir: prefería la moneda con ruedas que el coche de Noddy, al fin y al cabo un coche normal. Sin embargo Noddy -y Big Ears- no parecen opinar lo mismo. Debe ser difícil conducir una moneda... Moneda preciosa, por cierto, con Britania portando el tridente que la define como númen de una Talasocracia... Yo tenía peniques entre mis tesoros (parte de los cuáles enterré en un cofre de nácar, junto a las murallas de Ibiza, cuando partì de la isla. Nunca pude recuperarlo) y esta moneda me gustaba mucho más que las españolas, que llevaban la cabezota de un tipo desagradable que, además, gozaba de pésima reputación en el hogar paterno. Lo cierto es que el inevitable bobby, Mr. Plod, detecta lo irregular de la montura de Noddy y le detiene. Otra constante de mi vida, los encuentros con la Ley y el Orden...

Más remedios mágicos


Nuestros amigos han recuperado el penique, pero ahora necesitan más magia para que este recupere su forma anterior: la del coche de Noddy. Eso lo consiguen mediante un cepillo mágico que compran en... una tienda mágica. De estas tres viñetas me encantaba el cuidado y la precisión con la que Noddy sujeta la moneda mientras la frota con el cepillo. También los primeros estadios de la transformación, cuando el penique comienza a crecer y le salen cuatro "peniquitos" que se constituyen en ruedas...

Salvados por la bocina


Noddy y Big Ears compran una bocina mágica. No es coherente que el cobrador abandone el autobús para participar en la encuesta, pero, como suele decirse: de otro modo no habría cuento, porque de lo que se trata es de encontrar el penique encantado de entre todos los que contiene la bandolera del cobrador. Gracias a la bocina mágica el penique se aparta de sus compañeros, que recupera el cobrador con presteza.

Todos los peniques son iguales...


Entre los tres no logran hacer la luz, así que, aconsejados por Big Ears, van en búsqueda de otro aliado: un mago.

Aparece Big Ears


Como es lógico, el cobrador del autobús no puede distinguir la moneda encantada entre todas las que lleva en su bolsa. Por suerte aquí aparece otro aliado, el gnomo Big Ears (grandes orejas), a quien seguro que se le ocurre algo...

Noddy en el bus


Noddy sigue el rastro de su penique hasta el autobús nº63, a cuyo cobrador el osito se lo entregó. El autobús rojo recorre las calles del pueblo de Noddy, Toyland. Por mi parte tardaría muchos años hasta subirme en un autobús de dos pisos. Sería en Zaragoza, donde funcionaba este tipo de transporte, creo que eran de la misma marca que los londinenses, aunque pintados de verde. Y los verdaderos buses rojos de Londres todavía existían, prácticamente iguales a los de los tiempos de mi infancia, cuando por fin visité la capital británica...

¿dónde estará mi penique?


Noddy acude a casa de Tall Golly, pero este ya no tiene el penique, que se lo dio al osito Teddy...

Noddy busca su penique


Noddy deduce, acertadamente, que para recuperar su vehículo debe primero seguir la pista al penique en el que se ha convertido, e inicia su búsqueda. Primero encuentra a la niña que lo encontró, pero esta lo ha convertido ya en un gran adoquín de caramelo. Noddy acude a la tendera de la dulcería...

¡Maldito Goblin!


En la primera tira Noddy lleva de paseo a un Goblin malvado que le insulta. Noddy, resuelto, para el coche y, tras remangarse, le corrije. El Goblin, tras pronunciar las palabras mágicas "Tiny moona-Porri-loo" lanza la maldición del penique y convierte el coche de Noddy en una moneda de este valor. A mí el ejemplo de Noddy me enseñó a no perdonar una ofensa, aunque convirtió mi infancia en una especie de campo de batalla que me llevaba a enfrentarme con compañeros de talla y peso muy superior, con lo que era frecuente que yo llevara la peor parte. No obstante conseguía ganarme el respeto, que era de lo que se trataba. Con el paso del tiempo, tampoco me importó enfrentarme con los poderosos, lo que sin duda ha influído muy negativamente en mi, digamos, "carrera profesional", pero lo prefiero así. Claro que también Noddy me enseñó a buscar aliados, como él hace, recurriendo al consejo de ese golliwog...

El primer cuento que tuve


El contenido de este blog es complementario con el de meineigentum.blogspot.com, juegosreunidosgeyper.blogspot.com y universonestle.blogspot.com


Todos deberían formar un conjunto. Mi idea era incluir todo su contenido en el primero (meineigentum), donde aparecieran mi propiedad, es decir, lo que me es propio y característico (eigentum, en alemán). Ello no dicho en cuanto a mis propiedades materiales, aunque también. En fin, que pronto me di cuenta de que la estructura de un blog no estaba pensada para eso, y así he ido abriendo otros blogs y quien sabe si abriré otros. Mientras que meineigentum versa sobre todo de mi colección de cámaras antiguas (aunque hay algunos cuentos y tal), juegosreunidosgeyper va de lo que el nombre sugiere, es decir, de mi incipiente colección de juegos de sociedad. De momento los Geyper y sus ancestros, pero advierto al interesado que poco a poco la cole se va ampliando (parece que esta pasión va sustituyendo a la de las cámaras antiguas) y se extenderá a otros juegos de sociedad, cuanto más antiguos mejor. Y no sólo de España: ya tengo unos cuantos alemanes, ingleses y franceses. El blog universonestle versa sobre los tres álbumes de Nestlé titulados LAS MARAVILLAS DEL UNIVERSO, que poseí en mi infancia y que felizmente he recuperado. Aquellos álbumes de cromos (salían en las chocolatinas) me influyeron de un modo desproporcionado, quizá porque mi mente era muy maleable entonces y su recuperación me ha permitido rememorarlo. Por fin, este blog se basa en la lectura paranóico-crítica (concepto definido por Salvador Dalí y a cuyo ensayo homónimo me remito) del primer cuento que poseí en mi Ibiza natal. La pequeña isla era, ya entonces, un enclave cosmopolita y mi padre regentó una galería de Arte en los años 50/60, además de formar un grupo (Ibiza 59) artístico. Él mismo era escultopintor ceramista. Entre el grupo había varios ingleses y yo solía pasar las tardes con un par de niñas de esta nacionalidad. Intercambiábamos juguetes y cuentos y entre los que ellas me dieron estaba (además de una edición de Alicia en el País de las Maravillas) un cuento de Noddy, el personaje de Enyd Blyton. Eran unos cuadernos alargados, muy pequeños, a todo color. Yo no sabía leer, ni siquiera en castellano, así que las deducciones que elaboraba sobre las viñetas, obras del gran dibujante holandés Harmsen Van Der Beek eran de lo más insólitas. También de esa época retuve durante años un muñeco de goma que figuraba ser el Mad Hatter (sombrerero loco) de Alicia o un precioso osito Teddy que acompañó mis sueños durante muchos años, hasta que la polilla mediterránea lo dejó hecho cisco. Creo que en aquella época brumosa de mi infancia hay que buscar las raíces de mi anglofilia (en la nostalgia de la compañía de aquellas dos beldades rubias), la que me lleva, ya en la madurez avanzada, a Londres y a escribir mi trilogía sobre el Destripador (de la cuál he publicado su primer volumen "Últimas palabras de Kate Eddowes", premio Ciudad de Majadahonda de novela 2006). Hace poco conseguí recuperar aquel cuento y este blog quiere dar cuenta de las sensaciones que me produjo.