
Noddy sigue el rastro de su penique hasta el autobús nº63, a cuyo cobrador el osito se lo entregó. El autobús rojo recorre las calles del pueblo de Noddy, Toyland. Por mi parte tardaría muchos años hasta subirme en un autobús de dos pisos. Sería en Zaragoza, donde funcionaba este tipo de transporte, creo que eran de la misma marca que los londinenses, aunque pintados de verde. Y los verdaderos buses rojos de Londres todavía existían, prácticamente iguales a los de los tiempos de mi infancia, cuando por fin visité la capital británica...
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